martes, 6 de mayo de 2008

Mutilación genital femenina

El viernes pasado a mediodía, estaban haciendo un programa en la 2, sobre países africanos, en cada uno se hacía un relato de alguna costumbre del país, cuando salió Etiopía; hablaron de la mutilación genital femenina que sigue haciéndose, sobre todo en las zonas rurales. Fue escalofriante.

Millones de niñas y mujeres de Etiopía cada año son sometidas a prácticas culturales tradicionales humillantes que dañan su integridad física y mental y violan claramente sus Derechos Humanos Fundamentales. Una de estas prácticas culturales es la mutilación genital femenina. En muchos grupos rurales de Etiopía hay niñas que son secuestradas y violadas, se les practica la mutilación genital femenina y se les fuerza a que se casen con la persona que las ha violado. La pérdida de la virginidad que supone la violación no les deja otra opción que la de aceptar al violador como su marido. La costumbre y la tradición son las razones más invocadas para justificar esta práctica.


Las cifras son escalofriantes, con Somalia a la cabeza con un 98% de mujeres sexualmente mutiladas. Le siguen Egipto con un 97% o Eritrea y Etiopía con un 90%. Oriente Medio no se queda atrás: Yemén, Omán, Pakistán e India se suman a esta larga lista. Los defensores de esta costumbre cultural son los hombres y las mujeres. Los hombres aseguran que de esta manera se reduce el deseo sexual de las mujeres y se aseguran de que sólo ellos la penetran, ya que en una modalidad de ablación se cosen los labios mayores entre sí. Un cinturón de castidad en carne viva. Pero lo más grave es la concepción que tienen las mujeres, que aceptan como natural la mutilación de sus genitales y son las que obligan a sus propias hijas a continuar la tradición, porque al fin y al cabo sólo es una tradición que viene de tan atrás que nadie sabe por qué comenzó. Así que las madres son las primeras en obligar a sus niñas. Saben que si no se someten a la ablación, la sociedad les hará un hueco tan insalvable que prefieren sufrir en su cuerpo de por vida. "Es una humillación no circuncidar a una hija. Es terrible. La gente se ríe de nosotros", confesaba Zenebu, etíope, a El País Semanal. Ante esto sólo queda una solución, la educación, ya que la prohibición sólo lograría empeorar las condiciones de la práctica, según afirma el informe de Medicus Mundi.

Asmah, Deca, Ferhia y Hassina (de izq. a der.), cuatro niñas de la región somalí de Etiopía cuyas edades fluctúan entre los seis y los ocho años, fueron sometidas a mutilación y excisión genital cuatro días antes de que se les tomara esta foto.
Tras la operación, se atan las piernas de las niñas para reducir los movimientos y ayudar a la cicatrización de las heridas.
Bedria Mohammed, la madre de la niña, se siente mal debido a que la tradición la obligó a lastimar a su propia hija. Pero agrega que no tenía ninguna alternativa. La madre cree que de no haber mediado esa operación Asmah habría sido excluida de la comunidad por el resto de sus días y habría perdido toda posibilidad de conseguir marido y de un futuro seguro.
La mayoría de los pobladores locales cree que la práctica garantiza la virginidad de las niñas, lo que, a su vez, constituye un requisito ineludible para llegar a un matrimonio honroso.

No hay comentarios: